1990

La Séptima Estrella: Histórico, primeros en todo

No fue un gran partido, es verdad. La tensión era terrible como para permitirse lujos mayores. Pero a estas alturas, mientras las banderas rojas todavía se agitan en las calles, el compromiso de este domingo constituye un detalle puramente anecdótico.

La recuperación de la hegemonía en el fútbol colombiano, la séptima estrella, la felicidad de la vuelta olímpica, todo esta por encima de los noventa minutos jugados en el Campín. Además, el América no rindió examen sobre sus méritos solamente ante Santa Fe. Lo hizo a lo largo de todo el año, con unas estadísticas que invitan a quitarse el sombrero: el mejor ataque, la mejor defensa, los dos máximos goleadores de la temporada, el equipo que más puntos hizo, el que mas gano, el que menos perdió, imposible, pues, pedir mas. Y absolutamente desubicado tratar de encontrar fisuras en una campaña que quedara en la historia, como esos récords que tiene cara de eternos. Lo que ocurre es que, como suele suceder en la competición futbolística, esta vez había que jugar todas las fichas a un solo número: el partido de Bogotá.

De nada hubiese valido todas esas cifras si se daban las dos posibilidades que le arrebataban el título al América: la derrota del equipo de Ochoa Uribe y el triunfo del Nacional. A la postre no se dio ninguna de las dos. Pero primero hubo que jugar esta apasionante final, en dos actos simultáneos, para poder certificar el desenlace. Es que el cuadro de Héctor Céspedes no fue ningún rival decorativo. Apuntalado por el empuje de Dalto y Betancourt, el conjunto cardenal paso en limpio su imagen al oponer una férrea resistencia al América

El uruguayo Dalto metió dos zurdazos de media distancia en los primeros ocho minutos. Miller Cuesta, en el fondo, corregía los errores de la zaga y Alfonso Cañón, con su toque, abrió grietas en el sistema de seguridad del América. Sólo que el conjunto escarlata fue mas agresivo esta vez para estructurar su defensa. Lejos de repetirse el error de esperar en forma pasiva, salió a apretar a santa Fe en tres cuartos de cancha y provocó, por ejemplo, una mano de Didio Mosquera (penal a nuestro juicio omitido por Jhon Jairo Toro), dos riflazos del ‘Checho’ Angulo y un cabezazo de Eduardo Pimentel, que salvó Didio, antes del minuto 25. A esa altura Da Silva fue a buscar un balón y Mosquera Torres, nervioso, terminó empujándolo dentro del área. Penal con guante blanco, pero penal, que no vaciló en sancionar el central y en aprovechar el ‘Checho’ para el gol 150 de su carrera y, de paso, para poner proa hacia el título.

Hubo también un enganche al Pipa de Ávila, con cara de penal. Pero Toro no volvería a señalar el punto fatídico y América, de todos modos, salió a jugar, en teoría, un segundo tiempo con relativa tranquilidad. Por arriba contra nacional, a ras de piso contra Santa Fe, la pelota quieta reinauguró el drama y el partido quedó sobre el filo de la navaja.

Como esos boxeadores que saben que llevan ventaja en las tarjetas y se dedican a pasar los últimos asaltos, América optó por gastar los minutos restantes en lugar de jugarlos. Pero no por conformismo o por animo especulador, sino por una conducta nacida de la más clara realidad: el balón quemaba, los pases no salían, el camino hacia Hernández era cada vez mas confuso y, de repeso, Alexis Mendoza fue expulsado por reincidir en el juego brusco. El hincha americano, de enorme presencia en la tribuna, fue tan práctico como su equipo. Comenzó a buscar en el transistor el partido de Medellín y a rezar para que Santa Fe no llegara más. Llegó entonces el penal convertido por Héctor Gerardo Méndez en el Atanasio Girardot y solo ahí las banderas rojas volvieron a surcar el frío aire de la capital. Aun así los ojos clavados en la gramilla bogotana y el oído derecho pegado al radio, esos últimos minutos fueron larguísimos. Pero Pimentel y Balbis mantuvieron la causa en su punto y Santa Fe consciente de sus limitaciones, se quedó con el empate.

Que se pudo jugar mejor, que se a debía ganar, que mortifica el tomar goles de pelota quieta tan de seguido, que varios jugadores se dejaron dominar por los nervios, eso ya es intrascendente. Ahora es tiempo de reír, de celebrar, de dar rienda suelta al júbilo, de mandar el estrés de vacaciones. América es campeón y eso es lo que importa.
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