1997

Los diablos bordaron otra al escudo

Y así fue la tarde del 21 de diciembre de 1997, un día para la historia escarlata, para la conmemoración de una nueva estrella que irá bordada, en adelante, en el corazón de la camiseta americana.

Aquella tarde soleada, Cali se vestía de un sólo color: el del sentimiento rojo. Ese sentimiento que solamente pueden disfrutar los hinchas americanos se aspiraba en cada rincón de la Sultana del Valle, llegaba a las venas y luego se depositaba en los corazones de donde nunca salió, ni saldrá. Esos mismos corazones los cuales esperaron durante un año y medio para poder celebrar en un cántico ensordecedor una estrella, que hace rato ya era roja. Los dirigidos por Luis Augusto "El Chiqui" García, sólo esperaban el inicio del partido y querían demostrar y dejar en la cancha toda esa casta que los caracterizaba.

Ninguna persona se quería perder la vuelta olímpica número nueve, ese corear imparable de: "y dale y dale rojo dale" se oia de norte a sur, de oriente a occidente, en todos los lugares de la ciudad donde un americano celebraba con su bandera a punta de asta, una abarrotada americana, que se veia llegar.

Como ya es tradición los lugares típicos, además del sanfernandino, se empezaron a colmar de aficionados desde tempranas horas de la tarde, el tráfico tanto en las tribunas como en la calle hacían anticipar una enorme fiesta, la Avenida Sexta y la Calle Quinta ya estaban tejidas de enormes manchones rojos, los automóviles ponían en alerta a cualquiera que no disfrutara del ambiente con sus pitos, que contagiaban la emoción que la capital del Valle en esos momentos sentía, lo único que se esperaba era el pitazo inicial, por el resto, no había que preocuparse: el festejo ya estaba planeado.

Y comenzó el partido...

La fiesta era roja, pero la puntada final estaba por comenzar. Los hinchas, los que nunca dejaron de cantar el nombre del equipo en las tribunas que esa tarde eran de un sólo color , esperaban ahora con una mezcla de ansiedad, nervios y alegría la salida de sus ídolos al gramado del Pascual Guerrero. La hora del partido había llegado, los jugadores ya estaban en el túnel, el estadio no podía más de júbilo.

Finalmente... el rojo invadió el césped , El Tren Valencia el primero en tocarlo, varios jugadores se santiguaron e inundaron la cancha, el escenario estalló en un solo grito...Los seguidores enloquecieron entre aplausos, abrazos y saltos que se repitieron durante todo el partido, rápidamente el terreno se vio invadido de papeles tras el festejo de la hinchada, la fiesta sin duda alguna era americana.

El América venía con la ventaja de la mínima diferencia obtenida con gol de Jairo Castillo, pero había que ratificar en casa y hacer justicia en el campeonato más largo en la historia del fútbol colombiano, todo eso perseveró en el equipo escarlata, pero el partido de vuelta era para ratificar el amor por la camiseta que se mantiene intacto.

Los primeros minutos de la escuadra roja fueron arrolladores, se sabía lo que estaba en disputa, el campeonato nacional, el deseado y anhelado por todos. América merecía desde un comienzo abrir el marcador. Fue inteligente; tocó de primera; buscó los costados y llenó de muchos centros el área de Castañeda .

Pero ese deseo, el que todos quieren en el fútbol, el gol, sólo llegó en el minuto 43 de la inicial: James Cardona desbordó por la raya lateral, mandó un centro pasado que ni el arquero ni los defensas bumangueses pudieron contener , el balón cayó al otro palo, donde Franky Oviedo ganó la posición y desde un ángulo difícil; el "flaco", tiró un centro mordido que pegó en Galarcio, el balón perdió velocidad pero ésto no impidió que el "Tren" Valencia se zambullera en espectacular "paloma" e inflara las piolas del arco canario. Era el uno a cero.

Algarabía, locura, fiesta, el estadio explotó en un solo júbilo, el gol había llegado y se empezaba a ratificar que América era el mejor equipo de Colombia.

La parte complementaria tuvo las mismas características que la primera etapa, los rojos encima y Bucaramanga sin ningún chance, América era dueño de todo, las opciones, las llegadas y la fiesta en las tribunas, los "Búcaros" trataron de aguantar con la expulsión de dos de sus hombres Rodríguez y "Cheo" Romero, pero fue inútil, pues la "Mechita" estaba inspirada y empezaba a prenderse.

El encargado de acabar de ratificar la fiesta fue Julián Téllez. Los rojos elaboraron un contragolpe letal que "Los Búcaros" no previnieron, Oviedo recibió el balón en el centro del campo donde realizó un sombrero fantástico, teniendo entonces todo el panorama a su disposición , descargó un pase profundo a Téllez quien con el arco pintado en su cara impactó de fuerte zurdazo un tiro espectacular, contundente, que venció a Castañeda inflando la malla, marcando el dos por cero y redondeando el triunfo americano.

La gente ya no quería ver fútbol, los ojos estaban puestos en los suyos, sus héroes los que armaron el título desde el comienzo del torneo, con trabajo y dedicación, como siempre lo ha hecho América... pasión de un pueblo.

La locura fue colectiva cuando John Jairo Toro observó su cronometro y con dos pitazos ordenó el fin del partido, el América era ya el nuevo campeón del fútbol colombiano. Los integrantes de la plantilla americana: Diego Gómez, James Cardona, Wilmer Ortegón, Franky Oviedo, Leonardo Moreno, entre otros, se perdieron entre la multitud, querían tener el recuerdo de aquella tarde inolvidable.

Bastaron unos minutos después del pitazo final para que "El Chiqui" fuera paseado en los hombros de los fanáticos que desbordaban de sonrisas, había que tomar aire para continuar, la tribuna empezó a corear como es conocido: "chiqui, chiqui, chiqui". Como los grandes, en hombros, Luis Augusto García agradeció al respetable. Los abrazos se confundieron entre todos, fue una fiesta grande, intensa y alegre.
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