2000

Campeón no hay sino uno

El domingo 17 de diciembre del año 2000 se paralizó el país, era la final del fútbol con dos juegos que podían arrojar a cualquiera de los cuatro equipos que jugaban, como campeón del año. El campeón en justicia lo era ya América que fue el equipo mas regular, sacó 13 puntos al segundo en la reclasificación, tuvo la valla menos vencida, fue el equipo más goleador y, el que menos partidos perdió, pero en esto del deporte poco le toca la justicia y mucho al más fuerte, mucho al local y poco al visitante y, se dio la victoria, con algo de angustia, no por falta de confianza en lo nuestro, sino porque podíamos depender de otros resultados, que se dieron también, no podía ser para menos.

No imagino siquiera cuantos hinchas americanos siguieron los encuentros, sumemos a los 45 mil que casi en estado de epilepsia seguían las raudas camisetas rojas en el césped del Pascual, los millones que en toda la geografía de la patria, llenaron con sus gritos esos grandes estadios que son las pequeñas pantallas de televisión. A los que en Queens, Miami, en los suburbios de Los Ángeles, juran que a Barbat no le pasan ni los rayos equis, a los que la diferencia horaria hizo madrugar para ponerse una cinta roja en la frente, para gritar los goles de la mecha y saltar por el gol de Santa Fe, que sólo le puso un poco de picante a nuestro triunfo. Después de la estrella de Belén, esta estrella del América ha sido la más vista en el planetario del fútbol, millones y millones la vieron pasar de barra en barra, de tribuna en tribuna, como para que ilumine los caminos de victoria que vamos a recorrer.

A otros les corresponderá hacer las estadísticas, yo no creo sino en las estadísticas del corazón, en lo que sintieron y vivieron miles de hinchas que lanzaron al aire sus privaciones cotidianas, su desempleo, su soledad, sus plegarias y sus maldiciones en este inmenso rito religioso que es un partido de fútbol, donde nadie es ateo. En todo eso, es lo que creo, cuando ya mi añejo corazón palpita al ritmo, no de las coronarias, sino del ronco tambor que marca el paso en la trinchera sur de Barón Rojo .

Algunos lástimosamente de aquí mismo de Cali, quisieron en algún momento desestabilizar el equipo, lanzando consejas mentirosas contra el técnico y me extrañó su insistencia a pesar de que siempre salimos a desmentirlas. Estos especialistas de lo negativo, continuaron dando, como un hecho, la salida del técnico barnizando un chisme absurdo, con un matiz de erudición que en una cosa tan simple como el fútbol, no requiere. Pero esto ha servido para hacer más grande el triunfo de este joven técnico, un iniciado casi, de la tierra a quien los directivos le desangramos el equipo a quien se le restó a Moreno, Oviedo, Ortegón, Castillo, “Gato”, y sin embargo JAIME DE LA PAVA, siempre tuvo el equipo en la vanguardia, sin acudir a la excusa que le quedaba fácil, sino enfrentando su destino con seriedad y con la cara al sol. Esa estrella será para muchos la estrella de Jaime de la Pava.

América comenzó el nuevo milenio pisando la grama de los estadios del país con pie derecho; que gran equipo tuvimos; a veces el gol tardaba mucho por aquello de que los iluminados primero juegan fútbol y luego si han de llegar, están los goles. Y llegaron en los cruces de forajido de Salazar, en los zarpazos del “Tigre”, en los disparos de un niño que se llama Ferreira, que ilumina las noches con sus goles, pero sobre todo en las parábolas exactas que describen las bolas disparadas por Jersson González que se esconden en las rendijas de los ángulos, sacándole burlonas la lengua a los arqueros, como para mofarse de su estirada inútil.

Ahora vamos hacia la copa sin aspavientos, sin profecías, a una fiesta en la que siempre estamos invitados, tallada la decisión en los rostros de granito moreno de todos nuestros jugadores, como una carga de lanceros patriotas en el Pantano de Vargas, y dejemos que ruede la pelota, que si alcanzamos la Copa, se desbordarán los pueblos, los caminos y las aldeas de esa patria inundada de banderas rojas flameando bajo el cielo y, después de brindar en la Copa, a mí al menos sólo me resta morir. En Cali. Al día siguiente.


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Miercoles 7PM-Sabados 5PM
 
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BARON ROJO SUR PEREIRA
 
 
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