AKEL 19---1979

La Primera Estrella: 1979 ´aquel 19’

¡Campeón!. Y había que estar debajo de la piel de los americanos para sentir la emoción incomparable de ver la más anhelada, esperada y siempre postergada vuelta olímpica.

¡Campeón!. Cincuenta mil personas apretujadas y angustiadas, masticando el penal que desperdicio Aurelio Jose Pascuttini el domingo en Bogotá, convirtieron las tribunas en un volcán de alegría. Pólvora, tronantes, colorido, música para una fiesta que difícilmente olvidaremos quienes participamos de ella.

Cuando apareció el equipo en la gramilla se precipitó el terremoto. Comenzó el partido vibrante, con un Amércia inspirado, arrollador. Y la gente acicateada por la inmensa oportunidad de ser campeones, se hizo sentir hasta que llego el gol que cambio el curso del partido y de la vida para los americanos.

¡Campeón!. El transcurso del ultimo encuentro fue tenebroso. La continua aparición de las ambulancias aumentaba la angustia en las tribunas.

Campeón!. Por eso el estadio se partió en cincuenta mil pedazos cuando Alfonso Cañón perforó la red de Miguel Angel Gasparoni y daba la impresión que se venía abajo un verdadero pandemonium.

¡Campeón!. Y cuando Gabriel Chaparro inicio el recorrido por la pista atlética parecía el fin del mundo. La gente no resistía la tentación de abrazar a sus ídolos y el campo fue inundado. A esa hora las gargantas habían perdido mucho vigor tras la extenuaste jornada, pero igual seguían gritando: América campeón.

Esa noche valía todo. Desde el domingo anterior cuando el técnico Gabriel Ochoa sentenció sin vacilaciones: ”seremos campeones aunque nos tengan que matar”, la caudalosa hinchada comprendió que su papel seria vital. El partido teníamos que ganarlo todos. A como diera lugar. América no podía desperdiciar semejante oportunidad para sepultar mas de cincuenta años de frustraciones, de tristeza de burlas.

América fue campeón de muchos eneros. Por esa época se escuchaba la manida frase: este será  el año. Y todos nos cansamos. Cada año con el mismo cuento. Paradójicamente en 1979 nadie se acordó de la afirmación, aún admitiendo la confianza que inspiraba desde la dirección técnica el medico antioqueño Gabriel Ochoa Uribe. Pudo mas la avasallante personalidad, el poder de convicción, la fe, el trabajo, el plantel técnico, la directiva.

¡Campeón!. Ya no se hablará más de las dos jornadas que estuvo en invicto el equipo en 1967. Ni del subcampeonato que ganó América en 1969 bajo la tutela de Ángel Peruca. Ni de la incursión en la Copa Libertadores del año 70. Tampoco se recordará el triunfo sobre el Deportivo Cali por cinco goles a cero. En adelante se hablará de la primera estrella. De aquel 19 de diciembre, de Gay, de Pascuttini, de Cáceres, de Valencia, de Pepino San Giovanni, de Ochoa. El desborde de entusiasmo, el frenesí, el paroxismo incontrolable, todo el mundo se volcó a las calles, para expresar una euforia contenida por tanto tiempo. El Obrero, uno de los mas añejos y tradicionales barrios caleños, se pintó de rojo. Y al igual que en Siloé, en San Antonio, Alfonso López, Unión de Vivienda Popular, Alameda y tantos otros se bailó en las calles.

Lo que resulta a esta hora difícil de establecer, es el numero de corazones que flaquearon, que no resistieron el embate. No se sabe cuantos sucumbieron antes de la hora gloriosa del más popular de los equipos que existen en el país.
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